La experiencia de Ejercicios
Camino a Javier (Navarra) me preguntaba qué haría yo, un chaval de 26 años haciendo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: treinta días en silencio y haciendo cinco horas de oración al día. Hace unos años esto para mí sería algo simplemente impensable. Hoy, tras cinco meses de noviciado y recién salido de esta experiencia, doy gracias a Dios por haberme traído hasta aquí. Se abre ante mí un nuevo y apasionante horizonte.
* ¿Qué suponen los Ejercicios Espirituales en tu vida?
TODO. Éste ha sido un tiempo donde se hace verdad en tu vida. Es tiempo privilegiado en que, de la mano de Dios, profundizas hasta las capas más hondas de tu corazón, y allí te encuentras con los deseos más sanos, ilusionantes y que más te mueven en la vida... y también con aquellas partes de ti que menos te gustan y que te hacen tropezar, caer.
* ¿Eres la misma persona?
Sí y no. Sí, porque sigo encontrándome con las mismas debilidades y fragilidades. Y no, porque me siento llamado a seguir a Cristo con todo lo que soy, con lo bueno y con lo malo. Lo grande es precisamente esto: que Dios me llama a seguirle como jesuita tal y como soy, ¡no tengo que esperar a ser perfecto para seguir a Dios! Es una profunda experiencia sentirse pecador, y sin embargo, llamado a seguir a Jesús con toda tu vida. Soy el mismo pero me siento orientado a vivir algo distinto, que me empieza a enamorar, que me llena el corazón.
* Todo lo que dices es muy bonito, pero ¿y ahora qué?
Con el ritmo tan “estresante” que llevamos hoy en día es la vida quien te lleva, te atrapa y te envuelve de tal manera que ya no sabes ni quién eres ni cuál es tu misión en esta vida. En los Ejercicios el Señor te muestra, al contemplar su vida, cómo afrontar tus sufrimientos, tus ansiedades, tus vacíos, tus negatividades...aquellas partes de ti que más te cuesta aceptar. Un compañero me dijo utilizando un símil entre el fútbol y la vida: “Sigo jugando igual de mal al fútbol, pero lo vivo de otra manera que lo cambia todo: tengo la confianza puesta en Dios, y saberte en sus manos, te ayuda a caminar ligeramente”.
Pero no sólo eso, sino que en Ejercicios también descubres lo mejor que hay en ti mismo. Es algo que ya no deseas que sea para ti sino para ponerlo al servicio de Dios y de los demás. Esta entrega me llena de una paz y alegría que nunca antes había sentido.
* ¿Qué suponen los Ejercicios Espirituales en tu vida?
TODO. Éste ha sido un tiempo donde se hace verdad en tu vida. Es tiempo privilegiado en que, de la mano de Dios, profundizas hasta las capas más hondas de tu corazón, y allí te encuentras con los deseos más sanos, ilusionantes y que más te mueven en la vida... y también con aquellas partes de ti que menos te gustan y que te hacen tropezar, caer.
* ¿Eres la misma persona?
Sí y no. Sí, porque sigo encontrándome con las mismas debilidades y fragilidades. Y no, porque me siento llamado a seguir a Cristo con todo lo que soy, con lo bueno y con lo malo. Lo grande es precisamente esto: que Dios me llama a seguirle como jesuita tal y como soy, ¡no tengo que esperar a ser perfecto para seguir a Dios! Es una profunda experiencia sentirse pecador, y sin embargo, llamado a seguir a Jesús con toda tu vida. Soy el mismo pero me siento orientado a vivir algo distinto, que me empieza a enamorar, que me llena el corazón.
* Todo lo que dices es muy bonito, pero ¿y ahora qué?
Con el ritmo tan “estresante” que llevamos hoy en día es la vida quien te lleva, te atrapa y te envuelve de tal manera que ya no sabes ni quién eres ni cuál es tu misión en esta vida. En los Ejercicios el Señor te muestra, al contemplar su vida, cómo afrontar tus sufrimientos, tus ansiedades, tus vacíos, tus negatividades...aquellas partes de ti que más te cuesta aceptar. Un compañero me dijo utilizando un símil entre el fútbol y la vida: “Sigo jugando igual de mal al fútbol, pero lo vivo de otra manera que lo cambia todo: tengo la confianza puesta en Dios, y saberte en sus manos, te ayuda a caminar ligeramente”.
Pero no sólo eso, sino que en Ejercicios también descubres lo mejor que hay en ti mismo. Es algo que ya no deseas que sea para ti sino para ponerlo al servicio de Dios y de los demás. Esta entrega me llena de una paz y alegría que nunca antes había sentido.



