Introducción: ¿Qué es el Noviciado de la Compañía de Jesús?

Identidad de la Compañía de Jesús - La formación en la Compañía de Jesús - La vocación del jesuita - El sentido del noviciado. ¿Qué se pretende? - ¿Qué soñamos con nuestra vocación, para el mundo, para cada uno? - Nuestra espiritualidad

  • Identidad de la Compañía de Jesús. La Compañía de Jesús (jesuitas) es una Orden religiosa perteneciente a la Iglesia católica, aprobada por el Papa Paulo III, en 1540 y confirmada por diversos Papas a lo largo de la historia. Fue fundada por Ignacio de Loyola. La finalidad viene dada en el comienzo de las Constituciones de la Compañía: “El fin de esta Compañía es no solamente atender a la salvación y perfección de las ánimas proprias con la gracia divina, mas con la misma intensamente procurar de ayudar a la salvación y perfección de las de los prójimos” (Examen General, nº 2). Para comprender lo que es la Compañía de Jesús es imprescindible saber cómo nació. Y aquí acudimos a la vida de su fundador: San Ignacio de Loyola. 

Los jesuitas son un grupo de sacerdotes y hermanos esparcidos por todo el mundo que, desde 1540, siguiendo el ejemplo y enseñanzas de Jesucristo, y guiados por su fundador Ignacio de Loyola, dentro de la Iglesia católica, desarrollan sus actividades espirituales, sociales y educativas para la sociedad en general, y las personas menos favorecidas en particular.

Como orden religiosa a la que pertenecen, los jesuitas hacen los tres votos de pobreza, castidad y obediencia por amor y deseo de imitar el estilo de vida de Jesús pobre y humilde. La Compañía de Jesús tiene un cuarto voto de obediencia particular al Papa en las misiones que éste quiera confiarle.
En estadísticas de principios de 2006, el número de jesuitas en todo el mundo era casi de 19.500.

  • La formación en la Compañía de Jesús La finalidad de la formación es conseguir progresivamente una verdadera integración de los jóvenes jesuitas en el conjunto de la Compañía de Jesús, que es una orden apostólica, al servicio de Jesús en la Iglesia.

El proceso de formación consta de varias etapas:

a). ETAPA DE INICIACION. Su momento fundamental es el noviciado, con una duración de dos años.

b). ETAPA DE CRECIMIENTO. Es la etapa de estudios en la Universidad. Son estudios humanísticos y filosóficos principalmente, aunque también, dependiendo de los casos, y de si el jesuita se va a ordenar sacerdote o va a ser hermano, se estudian otras especialidades. Esta etapa suele durar (dependiendo del tipo de estudios) de 2 a 4 años, o incluso más, cuando hay que acabar licenciaturas o doctorados.

c). ETAPA DE MAGISTERIO. (Popularmente, al joven jesuita que se encuentra en esta etapa se le denomina “maestrillo”). Es la etapa en que el jesuita que está en formación se dedica a una actividad concreta, viviendo en una comunidad y colaborando en una obra concreta. Dura de uno a tres años.

d). ETAPA DE TEOLOGÍA. Es la culminación del proceso de formación. Se estudia la carrera de Teología. Al terminar el tercer año se suele recibir la ordenación de diácono, y poco tiempo después la ordenación sacerdotal.

  • La vocación del jesuita ¿Pero cómo puede comenzar todo esto? ¿Cuándo alguien puede decir que aquello que está experimentando y viviendo en un momento determinado puede tener la huella de Dios que llama a la vida religiosa, y, en concreto, como jesuita?
    Presentamos aquí el testimonio de experiencia vocacional de un novicio
  • El sentido del noviciado. ¿Qué se pretende? En el noviciado se pretende que la persona que quiere ser jesuita clarifique y confirme su vocación, viviendo ya como jesuita, y realizando una serie de actividades. Lo que más importa es lo referente al crecimiento interior de la persona desde la experiencia profunda de Dios. Todo el noviciado es una gran experiencia, cuyo núcleo son los Ejercicios de S. Ignacio. Por concretar algo más los objetivos que marcan el crecimiento en el noviciado, son los siguientes: 

1). Conocimiento y experiencia de Jesucristo. Jesús va a ser el centro de su corazón y de su vida “para más amarle y seguirle”.

2). Crecimiento interior humano. Con tiempos para ahondar en el conocimiento de sí mismos, e ir creciendo en libertad profunda, entrega de sí mismo, sentido comunitario, transparencia…

3). Conocimiento y experiencia de la Compañía de Jesús. A través de sus documentos fundacionales, su historia, la vida de la Compañía actual. También se conocen comunidades y obras de la Compañía.

4). Sentido de Iglesia y deseo de crecer en actitudes de verdadera entrega desde el servicio a los demás, especialmente a los que más lo necesitan.

Para hacernos una idea de cómo todo esto se encarna en una persona, presentamos el relato del primer año de noviciado, hecho por uno de los novicios que se encuentran ya en 2º año.

  • ¿Qué soñamos con nuestra vocación, para el mundo, para cada uno? Sentimos que Dios quiere profundamente a nuestro mundo y siente a fondo sus carencias. Con nuestra vocación de jesuitas tratamos de aprender a amar como Jesús de Nazaret. Para ello, es fundamental sentirnos queridos personalmente por Dios. De aquí surge gozosamente el deseo de Dios, el deseo de comunión con los demás y en la Iglesia, y el deseo de servir a las personas de nuestro alrededor. 

    La persona de Jesús está en el centro de la vida del jesuita. Él dinamiza toda su vida personal, comunitaria y apostólica. Tratamos de que vaya creciendo en nosotros desde el noviciado ese amor universal y disponibilidad tan grandes que vivió Jesús.

  •  Nuestra espiritualidad Al hablar de espiritualidad nos referimos al modo de vivir la realidad de lo que somos y de nuestras vidas desde Dios. La espiritualidad del jesuita se basa en la experiencia que tuvo Ignacio de Loyola, en cuyo centro estuvo el deseo de conocer internamente la persona de Jesús “para más amarle y seguirle”. Este deseo va configurándose como un deseo profundo a lo largo de la experiencia del noviciado, a través de la oración diaria, el tiempo dedicado al discernimiento (silencio orante para mirar la vida desde la presencia amorosa de Dios), la Eucaristía y sacramentos, y la lectura espiritual. Todo ello va ayudando a afianzar una estructura interior que hace posible que se vivan las tareas ordinarias de cada día desde Dios.