![]() |
Este bilbaíno universal fue Superior General de los Jesuitas entre 1965 y 1983. Un hombre sorprendente, carismático, apasionante y apasionado. Un personaje fundamental en la Iglesia de los tiempos del Concilio Vaticano II, que no tuvo miedo de animar a los jesuitas a dialogar abierta y libremente con el mundo turbulento que les tocaba vivir.
Tres afirmaciones suyas le autodefinen por dentro: A sus novicios japoneses les repetía: “Hablamos mucho de la doctrina de Jesús, pero poco de su persona”. De la persona de Jesús escribía: Jesús es mi verdadero, perfecto, perpetuo amigo. A Él me debo entregar y de Él debo recibir su amistad, su apoyo, su dirección. Pero también su intimidad, el descanso, la conversación, la consulta, el desahogo...” Durante sus estudios como jesuita, seguramente recordando sus horas de laboratorio en la facultad de medicina, escribió a su antiguo connovicio, Jesús Iturrioz: “Querido Jesús: ...esta vida, vista superficialmente, aparece complicada. Cuando se ve a la luz del ‘Dios y yo’ o del ‘conejillo de Indias’ a su disposición, que he prometido ser, se simplifica hasta lo inverosimil” .
Semblanza - Cronología - Bibliografía
![]() |
Ignacio Ellacuría
El 16 de noviembre de 1989 Ignacio Ellacuría, junto con otros cinco jesuitas y dos mujeres que trabajaban en su casa fueron asesinados en la comunidad de la Universidad Centroamericana donde residían. ¿Por qué? Por poner su voz y su prestigio al servicio de un pueblo oprimido por la violencia. Por denunciar las violaciones de los derechos humanos del ejército salvadoreño. Por no tener miedo de alzar la voz a favor de los sin voz. Desde que a sus 19 años fue enviado como novicio a El Salvador, Ellacuría hizo suyo el destino de un pueblo herido. Como otros mártires salvadoreños; como monseñor Óscar Romero o el también jesuita Rutilio Grande. En nombre de un Dios justo.
El legado de Ignacio Ellacuría:
http://www.fespinal.com/espinal/castellano/visua/es86.htm
![]() |
Alberto Hurtado
Este jesuita chileno es recordado por su increíble obra apostólica. Supo mirar a su país y preguntarse: “¿Cómo proclamar aquí el Reino?” “¿Cómo anunciar a Dios, tan ausente si vivimos en una sociedad donde coexisten abundancia y miseria?”. De esa inquietud fueron surgiendo iniciativas, obras y proyectos con los que fue tocando diversas esferas de la sociedad chilena: Primero fueron los jóvenes, y después los niños y ancianos abandonados (a través del Hogar de Cristo). Al tiempo que buscaba dar respuesta a necesidades urgentes, intentaba estudiar las raíces de los problemas. Puso las bases para un sindicalismo cristiano, y fundó la revista Mensaje que analizaba la realidad desde el punto de vista de la Iglesia. Un cáncer de páncreas se lo llevó, pero su canonización (en octubre de 2005) resalta el calado y la permanencia de su entrega.
Para saber más:
http://www.padrealbertohurtado.cl/






