V Centenario
- Rouco subraya la huella del santo en la historia de la Iglesia y de la humanidad (ver homilia completa)
- El Rey destaca el «espíritu de solidaridad» de los misioneros y cooperantes españoles
- Más de 35 obispos acuden al V Centenario del nacimiento de S. F. Javier
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Homilia
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| El P. General saluda a Mons. Rouco. Foto: Javier Reyes |
- Rouco subraya la huella del santo en la historia de la Iglesia y de la humanidad
El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quien presidió el pasado día 7 una eucaristía en el Aula Francisco de Jaso como legado pontificio para la conmemoración del centenario de San Francisco Javier, subrayó la «huella imborrable» dejada por el santo navarro en la historia de la Iglesia y de la humanidad.
La ceremonia religiosa, a la que asistieron los Reyes de España, y el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, entre otras autoridades, fue concelebrada por el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, el Nuncio del Papa en España, cardenales y obispos, así como el prepósito general de la Compañía de Jesús, Peter-Hans Kolvenbach.
En su homilía, pronunciada ante más de mil asistentes a la ceremonia religiosa, Rouco Varela aseguró que Francisco de Javier, del que hoy se cumplen quinientos años de su nacimiento, «encarnó con inaudita radicalidad la obediencia al mandato del señor» y «no dudó un instante cuando su padre, amigo y compañero, Ignacio de Loyola, le pide que abra los surcos de la Misión en las otras Indias, las de Oriente, las del inmenso y lejano Continente Asiático».
«Serán diez años de intensa y heroica acción misionera», resaltó, «años de joven madurez humana y espiritual que comienzan en Goa el año 1542 y concluyen en la Isla de Sancián, mirando a las costas del Gran Imperio de China, el día de su muerte, el 3 de diciembre de 1552».
El cardenal arzobispo de Madrid recordó que a Francisco de Javier, «en el momento más crucial de su existencia, el de la decisión sobre su vocación, y en la subsiguiente increíble aventura misionera de su vida, le importan por encima de todo "los bienes del Evangelio", que son «el alma, la suya y la de los demás; Cristo y su victoria en la Cruz; y la salvación del hombre».
En ese sentido, Rouco Varela manifestó que es «urgente» recordar a la sociedad española y europea que «es muy difícil, por no decir imposible, abrir futuros compartidos de vida, de justicia, de solidaridad y de paz, si se olvida la propia alma, la que alienta en las mejores páginas de nuestra historia común».
Rouco Varela destacó al respecto «la insistencia» de Juan Pablo II «en la recuperación de las raíces cristianas de Europa y de España», que «resuena aquí y ahora como una llamada a proyectar el mensaje de Javier en el año del V Centenario de su nacimiento hacia una acción misionera en el interior de nuestra sociedad, tan secularizada».
La ceremonia religiosa fue amenizada por el Coro de Monjes del Monasterio de Leyre, dirigido por Luis María A. Pérez, y por la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, fundada en 1206 y dirigida desde 1962 por el canónigo Aurelio Sagaseta.
Durante la ceremonia se exhibió asimismo el conocido «Crucifijo del Cangrejo», protagonista de un episodio milagroso ocurrido a San Francisco Javier durante su viaje a Waranula (Indonesia).
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| Don Juan Carlos saluda al P. General. Foto: Javier Reyes |
- El Rey destaca el «espíritu de solidaridad» de los misioneros y cooperantes españoles
El Rey don Juan Carlos destacó el pasado 7 de abril, en su discurso en el acto institucional de celebración del quinto centenario del nacimiento de San Francisco Javier, el «espíritu de solidaridad» de los misioneros y cooperantes, que también es propio de «la España dinámica, moderna y democrática». Una España, agregó don Juan Carlos, acompañado en este acto por la Reina doña Sofía, que «con el esfuerzo de todos los españoles, hemos construido sobre un ejemplar marco de convivencia, basado en el más amplio consenso de nuestra Historia».
Este acto institucional, al que también asistieron, entre otros, el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y el cardenal Antonio Maía Rouco Varela, conmemoró el quinto centenario del nacimiento de Francisco de Javier, al que don Juan Carlos calificó como «un hombre singular», cuya obra fue «excepcional».
En ese sentido, tras considerar al santo navarro como «uno de los hombres más insignes entre los españoles universales», don Juan Carlos declaró que «el de hoy es un día grande para esta Navarra de fuertes y admirables cualidades que, desde la canonización de Javier, lo distinguió como su patrono».
Pero también, aseveró, hoy es «un día grande» para España, «que mucho se enorgullece de tenerlo como ilustre hijo suyo»; para la Iglesia, «de la que dio testimonio relevante y ejemplar»; y para todos los países que evangelizó, «con los que nos vincula su recuerdo siempre vivo».
La conmemoración hoy del quinto centenario del nacimiento de Francisco de Javier, aseguró don Juan Carlos, «es una lección de vida con un valor permanente; la lección de una trayectoria personal vivida en tiempos de encrucijada y de crisis, con una perseverancia y una convicción ejemplares, que son el secreto de su proyección y permanencia».
El nombre y la figura de Javier, subrayó, «no sólo constituyen una brillante página de nuestra historia, sino que tienen plena vigencia en el mundo de nuestros días».
Don Juan Carlos manifestó en su intervención en este acto, celebrado en el patio cubierto del Centro de Espiritualidad de Javier, que el santo navarro «fue un adelantado a su tiempo. Supo vislumbrar la auténtica dimensión del mundo. Apreció la riqueza intrínseca de aquellos pueblos, nuevos para nosotros; aprendió sus lenguas, se interesó por sus modos de vida, costumbres y tradiciones».
De todos aquellos pueblos, añadió, Francisco de Javier «transmitió a Europa, a través de sus cartas al Rey de Portugal, sus valores humanos y sociales, estableciendo de hecho cauces de conocimiento y comprensión entre Oriente y Occidente. Unos cauces que no han perdido su vigencia, especialmente con Japón y las comunidades cristianas de Asia, que siguen identificándose con su nombre y su recuerdo».
Con su ejemplo personal, señaló don Juan Carlos, el santo «inauguró un empeño, en el que hoy siguen comprometidas las naciones y sociedades más avanzadas, un anhelo de continua atención a los más necesitados, de defensa de los desvalidos y de denuncia incansable de los agravios e injusticias».
Don Juan Carlos resaltó que, quinientos años después, «gracias al apoyo generoso de muchas iniciativas individuales y de numerosas organizaciones, miles de misioneros y misioneras, cooperantes y voluntarios de muchos países, credos y razas siguen labrando a diario el surco que abrió Javier».
«Autenticidad, fidelidad y generosidad», indicó, «son las luces con las que este centenario alumbra aquella ruta», por la que «siguen caminando los miembros de la Compañía de Jesús. Ellos contribuyen hoy, también a través de la educación y la ayuda social, a construir un mundo mejor».
Aquellas virtudes «son también señas de identidad de los navarros, que destináis importantes recursos, tanto del sector público como del privado, o de las economías familiares, a la cooperación para el desarrollo del Tercer Mundo», afirmó don Juan Carlos.
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- Más de 35 obispos acuden al V Centenario del nacimiento de S. F. Javier
El cardenal Antonio María Rouco, como Legado Pontificio, presidió la Eucaristía de acción de gracias
El pasado 7 de abril se han cumplido 500 años del nacimiento de San Francisco Javier y ha tenido lugar el acto central de todos los organizados a raíz de este V Centenario. Además del Legado Pontificio, el cardenal Antonio María Rouco Varela, y de sus majestades los Reyes de España, más de 35 obispos españoles han asistido a la Eucaristía que tuvo lugar en Javier. También estuvo presente la principal reliquia del santo, su brazo incorrupto, llegado el mes pasado desde la iglesia jesuita de El Gesù, en Roma.
Entre otros, concelebraron los cardenales Carlos M. Amigo y Antonio Cañizares, así como el Nuncio de S. Santidad, Manuel Monteiro de Castro, el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez y el secretario de la misma, Juan Antonio Martínez Camino, el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, y los dos obispos encargados de los temas misioneros, Francisco Pérez González, arzobispo castrense y director de las Obras Misionales Pontificias y Ramón del Hoyo López, obispo de Jaén.
Como ya se había anunciado, concelebraron también el Padre General de la Compañía, Peter-Hans Kolvenbach y los provinciales jesuitas de España, así como algunos miembros de la Junta Directiva Nacional de CONFER (Confederación Española de Religiosos).
La Eucaristía tuvo lugar en el aula Francisco de Jasso del santuario de Javier y en las partes musicales intervino la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona y el coro de monjes del Monasterio de San Salvador de Leyre.
También estuvieron presentes el Presidente del gobierno foral de Navarra, Miguel Sanz Sesma y consejeros del gobierno navarro así como el presidente del Parlamento de Navarra, el alcalde de Javier y presidentes de otras Comunidades Autónomas.
Continuando con las celebraciones del Año Jubilar de la Compañía, el 20 de abril la reliquia del santo será trasladada a Madrid y quedará expuesta a los fieles los días 21, 22 y 23 de abril en la Parroquia jesuita de San Francisco de Borja (C/ Serrano, 104). Durante esos días tendrán lugar varias vigilias de oración y eucaristías, destacando la del 22 de abril (Festividad de Sta. María Vg, Madre de la Compañía de Jesús), fecha escogida por el Padre General para celebrar el Jubileo de la Compañía a nivel universal. El día 24 de abril la reliquia partirá de regreso a Roma.
Francisco Javier, un jesuita universal
Francisco Javier nació en 1506 en el seno de una familia noble en el castillo de Javier (Navarra, España). En 1525 viaja a París para estudiar Filosofía. Allí conoce a Iñigo de Loyola (San Ignacio de Loyola), lo que le marcará para el resto de sus días, ordenándose sacerdote en Venecia y siendo cofundador de la Compañía de Jesús (1540).
En Italia se dedica a las obras de caridad en varias ciudades. Siguiendo la política de expansión de la Compañía, es enviado a oriente en 1541. Llega a Goa (colonia portuguesa) en 1542, tras una escala de seis meses en Mozambique, y trabaja en la atención de enfermos y en la conversión de los nativos. Luego parte a la India, las Molucas (Indonesia) y Japón. Pese a ambicionar la evangelización de China, muere de pulmonía, sólo, sobre la roca de Sancián, frente a la China donde soñaba entrar, el 3 de diciembre de 1552. En 1622 es canonizado por Gregorio XV. Es patrono y protector de las misiones y se le reconoce como figura universal que trazó fuertes lazos de colaboración entre Oriente y Occidente (biografía más amplia en: www.jesuitas.es).






