Para orar (II)

El celo de San Francisco Javier en la catequesis

San Francisco Javier, uno de los más grandes catequistas de la Iglesia, ejercitó la catequesis con los niños y los adultos, con portugueses, indios, mahometanos, paganos, brahamanes, budistas y sintoístas, con mercaderes, soldados y marineros, debido al convencimiento que tuvo, nada más llegar, de la ignorancia religiosa elemental reinante. Compuso un catecismo breve que lo enseñó durante toda su vida de misionero y se siguió luego utilizando por los misioneros de oriente. Aquí  meditaremos algunos textos del Santo, y sacaremos propósitos de colaborar con la Iglesia en esta tarea catequética, tan necesaria hoy día como en tiempos del Santo. Una tarea que comienza en la propia familia.

1. SERENARSE. La calma, condición previa para encontrarnos con dos corazones: con el nuestro y con el de Dios. Dejo preocupaciones. Entro en mi santuario, en mi templo. Donde me voy a encontrar realizado en la anchura inabarcable de Dios, Padre y Creador. Donde me encuentro hecho a imagen y semejanza de Dios.


2. PRESENCIA DE DIOS. Dios que me desea y se me regala desde toda la eternidad. Dios que me quiere eternamente y está en mí, amándome, sosteniéndome, conteniéndome, abriendo en mí el deseo de Dios, a pesar de los límites que tengo como criatura. Dos existencias unidas para siempre. Yo no puedo ser yo mismo sin Dios. Mi ser en la tierra se define como “hambre de Dios”, porque Dios me deseó y amó primero.


3. COMPOSICIÓN DE LUGAR. Me figuro a Javier rodeado de gente en una catequesis cualquiera, como él mismo lo cuenta. Los divide en grupos: hombres, mujeres, niños, mercaderes, soldados. Hacen la señal de la Cruz perfectamente. Por grupos repiten una y cien veces: “Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo, creo, creo, creo”. Y muchas veces: “Señor Dios, ten misericordia de nosotros, Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia… Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros”. Y los Mandamientos, y las virtudes cristianas, y el Avemaría, la Salve, y el Padre nuestro, las maneras de rezar, hasta quedarse agotado y ronco cantando una y mil veces estribillos de doctrina. Luego manda a los niños por las casas a repetir las cosas aprendidas.


4. PETICIÓN.
 “Señor Jesús, Virgen María, dadme gracia y ayuda para que guarde todos los días de mi vida los diez mandamientos”
(San Francisco Javier).


5. ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN. Textos de San Francisco Javier:

“En Goa me hospedaba en el hospital, y cerca de él había una ermita de Nuestra Señora, y allí comencé a enseñar a los chicos las oraciones, el Credo, y los Mandamientos; pasaban muchas veces de trescientos los que venían a la Doctrina cristiana. Me mandó el obispo que por las otras iglesias hiciese lo mismo, y esto es gran servicio a nuestro Señor, más de lo que muchos piensan… Los domingos y fiestas predicaba también en esa ermita de Nuestra Señora, después de comer, sobre los artículos de la fe. Iban tantas gentes, que no cabían en la ermita. Después de la predicación, continuaba enseñando el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo, Salve, y los Mandamientos. Pasaban de trescientos los que venían” (Carta 15, n. 12. A sus compañeros de Roma. Goa, 15-9-1542).

En 1542, ya compuso el Catecismo o Doctrina Cristiana, que era el método que utilizaba, a base de preguntas y respuestas muy sencillas y concretas A ello le movió la ignorancia elemental y básica que encontraba en los mismos cristianos:

“Los cristianos que hay por estas partes, no saben de doctrina nada más que decir que son cristianos, porque no hay quien les diga Misa, ni quien les enseñe el Credo, el Padre Nuestro, el Ave María ni los Mandamientos. A los que no estaban bautizados, los bautizaba. Eran tan ignorantes que no sabían distinguir la mano izquierda de la derecha. Los chicos no me dejaban tiempo para rezar, ni comer, ni dormir, sino que les enseñase a rezar. Y entonces comencé a darme cuenta por qué el Reino de los Cielos es de los niños. Y me parecía impío negarme a esa petición de los chicos, y así les enseñaba el Credo, y otras oraciones. Y conocí algunos muy listos, grandes ingenios, y si hubiese quien les enseñase la fe, serían ciertamente buenos cristianos” (Carta 19, n. 2. A Ignacio de Loyola. Tuticorín. 28-10-1542).

“Las catequesis de Javier, tanto de niños como de adultos, eran movidas y variadas y tan piadosas como doctrinales. Salía el Santo por las calles y plazas de Goa acompañado de un grupo de niños y muchachos. Vestía de sobrepelliz, llevaba un Rosario al cuello, y esgrimía una campanilla. En los cruces más concurridos, en las más populosas avenidas, agitaba la campanilla, y con vibrante entonación repetía: fieles cristianos, amantes de Jesucristo, enviad vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros esclavos y esclavas a la Doctrina Cristiana por amor de Dios. Una vez en la ermita, con dinamismo incomparable, Javier se apoderaba de la muchedumbre. Se santiguaba, y todos se santiguaban. Cantaba,y todos cantaban y coreaban. Mezclaba devotamente la doctrina con oraciones, con examen particular, con los modos de orar de San Ignacio…” (Cros, Biografía, I, pag. 216).
6. COLOQUIO
Señor Dios, dame tu Espíritu, dame tu amor, alienta mi fe, para que pueda proclamarla ante mis hermanos, mis hijos, mi familia ,mis alumnos, mis prójimos. Como bautizado me incumbe la obligación y reto de extender la fe que tú me otorgaste. Ven en ayuda de mi debilidad, para que no me avergüence de ser tu testigo y seguidor. Que sepa decir a todos que tú los amas, y que hay que amarte con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Que tu Vida ocupe el centro de mi vida. Que seas mi único Camino, que crea en ti como la única Verdad. Que anuncie tu vida, muerte y Resurrección. Que enseñe a hablar contigo a la gente. Que continúes estando a mi favor, para que no tema nada. Amén.


7. PADRE NUESTRO.