Una reliquia con historia

Es la sexta vez que el brazo de San Francisco Javier visita nuestra tierra. Vamos a acercarnos hoy a la historia documentada de esta reliquia que se conserva en Roma.

Algunos, pocos amigos de creencias y religiones, han querido ver en esta reliquia un invento de los jesuitas para meter ruido. Otros, desde la fe, han creído en los poderes curativos y milagrosos de este brazo. Y, entre los unos y los otros existe una realidad, una historia perfectamente documentada, y unos estudios e informes médicos que, cuanto menos, asombran.
Desde el fallecimiento de Francisco Javier, el 3 de diciembre de 1552, hasta el 3 de noviembre de 1614, que es cuando se le corta el brazo derecho, hay un completo seguimiento del cuerpo. Todo este tiempo ha sido analizado minuciosamente por algunos biógrafos contemporáneos.
Este jesuita navarro, tras su muerte en la isla de Sancian, fue enterrado allí, cubierto con cal, hasta el mes de febrero de 1553, que es el tiempo que hubo que esperar para que la nave Santa Cruz, portuguesa, dispusiese de una buena climatología para salir de allí. 

Esta nave fue la que había trasladado a Francisco desde Macao unos meses antes. Su tripulación fue la que enterró y desenterró al santo; y fueron los primeros en sorprenderse al observar, una vez desenterrado el cuerpo, que no había en él el mínimo signo de descomposición.
Ante este hecho, el capitán de la nave dispuso que se colocase el cuerpo en la embarcación cubierto con cal para que ésta acelerase el proceso de descomposición; pero cuando la nave llegó el 22 de marzo de 1553 a Malaca, la sorpresa fue que el cuerpo, 109 días después de producirse el óbito, seguía incorrupto.
En Malaca, el cuerpo de Francisco Javier, arropado por la multitud, fue enterrado por segunda vez, en esta ocasión, en la iglesia de Santa María del Monte.
Un año después de su muerte, en diciembre de 1553, el ataúd con el cuerpo de Francisco era desenterrado de nuevo y embarcado hacia la ciudad india de Goa (Indostán). Fue una travesía larga, que culminó con la llegada a Goa el 16 de marzo de 1554.
Dicen los cronistas que fue un acontecimiento realmente apoteósico y multitudinario, en el que decenas de miles de personas daban la bienvenida al cuerpo del misionero, a quien ya el pueblo veneraba como santo a pesar de que la canonización no habría de llegar hasta 1622. En Goa recibía sepultura por segunda vez. En 1613 se trasladó de forma definitiva a la iglesia-basílica del Bom Jesús, en la misma ciudad de Goa, en donde reposa y es venerado desde entonces.
Es en el siglo XVIII cuando los jesuitas observan cómo el cuerpo de San Francisco Javier, incorrupto hasta entonces, se empieza a deteriorar poco a poco.

Mientras esto sucedía, la popularidad de San Francisco Javier alcanzaba cotas insospechables. Eran centenares las curaciones milagrosas que se atribuían, de forma popular, a la intercesión de quien oficialmente todavía no era santo. Y, en consecuencia, la demanda de reliquias era cada vez mayor. 

El día 3 de noviembre de 1614, se procedía a cortar su brazo derecho desde el hombro, y se llevó a Roma la parte que va desde el codo hasta la mano, y fue depositada en la iglesia del Gesú, conservándose allí desde entonces dentro de un relicario. 

¿Y por qué el brazo derecho? Si observamos toda la iconografía antigua existente sobre San Francisco Javier, es decir, cuadros y grabados, observaremos el simbolismo que tiene su brazo derecho; con él alza la cruz cuando predica, y con él vierte el agua cuando bautiza. En otros grabados es con su mano derecha con la que señala su corazón ardiente, en llamas.Sobre la historia de este brazo derecho, sobre su condición de reliquia y sobre su capacidad curativa, se ha escrito bastante.
 
Ha habido jesuitas que han sabido profundizar en la historia real de esta reliquia, y que lo han hecho con la suficiente seriedad y rigurosidad. Digna de mención es la obra de Alexandro Valignano, cronista y testigo directo de todo lo que fue sucediendo con el cuerpo de Javier en la segunda mitad del siglo XVI; o la completísima obra del P. Georg Schurhammer. 

Esta es en parte y a grandes rasgos, la historia de la reliquia del brazo derecho de San Francisco Javier, que mueve masas, que es venerada, que no deja indiferente, y que, como tal, ha merecido que su visita a nuestra Residencia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja de Madrid, sea acogida y celebrada de manera agradecida por todos nosotros en esta fecha memorable de la celebración del Jubileo Ignaciano que la Compañía de Jesús celebra durante todo este año 2006.