“Que os dispongáis para mucho”

Selección de cartas de Javier por Carlos Mª Sancho SJ

I. DESDE LISBOA 
A LOS PADRES IGNACIO DE LOYOLA Y NICOLÁS BOBADILLA, ROMA

Lisboa 23 de julio 1540 

Javier llega a Lisboa a finales de junio de 1540. Esta es la primera carta que le escribe a Ignacio, desde Lisboa, en la cual le cuenta el viaje desde Roma y cómo le han recibido los reyes de Portugal. Javier le habla de sus tareas apostólicas en la ciudad y de sus deseos.
 

La gracia y amor de Cristo nuestro Señor sea siempre en, nuestra ayuda y favor. Amén. […] 

3. El día que llegué en Lisboa, hallé a nuestro Simón, que aquel mismo día esperaba la cuartana; y con mi venida fue tanto el placer que recibió, y tanto el mío con el suyo, y  juntados entrambos placeres causaron tal efecto, que echaron fuera la cuartana, de manera que aquel día ni otro le tomó la fiebre, y esto ha ya un mes. El está muy bueno y hace mucho fruto. De acá os hago saber cómo hay muchas personas devotas nuestras, y tantas, que tenemos mucho trabajo en no poder cumplir con todas, por ser ellas personas de cualidad y por no tener tiempo. 

4. Acá hay muchas buenas personas que viven con deseos de servir a nuestro Señor, si hubiese quien les ayudase, dándoles algunos ejercicios espirituales, para poner en obra el bien que de día en día difieren de hacer; […] principalmente aquellos que, contra toda razón, procuran de traer a nuestro Señor adonde ellos desean, no queriendo ir a donde Dios nuestro Señor los llama; dejándose guiar más por sus desordenadas afecciones, que por los buenos deseos que en ellos habitan; de éstos es de tener más compasión que envidia, viéndolos caminar tanto cuesta arriba y por un camino tan difícil y peligroso, y en pago de tantos trabajos venir a parar en un fin tan trabajoso. […] 

7. Procuran acá muchas personas conocidas nuestras, impedir nuestra partida para las Indias pareciéndoles que acá haremos más fruto en confesiones, particulares conversaciones, ejercicios espirituales, en ministrar los sacramentos y exhortando las personas a las frecuentes confesiones y comuniones, y en predicar, que si fuésemos a las Indias. Procura el confesor del rey y el predicador que no vayamos, sino que  quedemos acá, diciendo que haremos más fruto. Cosa es para maravillar el fruto que dicen que habemos de hacer en las Indias: y esto dicen personas que han estado allá muchos años, por ver la gente muy aparejada para recibir la fe de Cristo nuestro Señor, diciendo que, si este modo de proceder, tan remoto de toda especie de avaricia, tenemos allá, como lo tenemos acá, que no dudan sino que en pocos años convertiremos dos o tres reinos de idólatras a la fe de Cristo, cuando en nosotros vieran y conocieren que no buscamos otro sino la salud de las ánimas. Grande es la esperanza que acá nos dan los que han estado muchos años en las Indias, del fruto, que allá habemos de hacer en servicio de Dios nuestro Señor. 

8. Acá mucho procuramos de buscar algunos clérigos, los cuales, por solo servicio de Dios y salvación de las ánimas, quieran ir a las Indias con nosotros. Nos parece al presente que en ninguna cosa más podemos acá servir al Señor, que en buscar alguna compañía; porque siendo una docena de clérigos, todos de una misma voluntad y querer, no es menos sino que habemos de hacer mucho fruto; y acá ya se van descubriendo algunos. Un clérigo, conocido nuestro de París, nos ha prometido de venir con nosotros, y morir y vivir con nosotros, y de ir con los mismos deseos que vamos. Este creemos que será muy cierto, porque tiene dadas muchas prendas de sí.
Hay otro de epístola, que en breve será clérigo, que se ofrece de mucha voluntad; y sin esto, está un doctor médico, muy conocido nuestro de París, que tiene prometido de venir con nosotros, y solamente de usar de medicina, según viere que le ayuda para salvar las ánimas y traerlas en conocimiento de su Creador y Señor, y no por interés temporal. 

9. […] Lo que a nuestro Señor muy mucho rogamos es que aumente la fe de aquellos que tienen de nosotros alguna opinión o esperanza. Y por la opinión que de nosotros tienen, confiamos mucho en Dios nuestro Señor que, no mirando a nosotros, sino a la fe de los que nos desean oír, que nos ha de dar saber y gracia, para que podamos consolarnos y predicarles las cosas que son necesarias o útiles. 

De Lisboa a 23 de julio, año 1540.
Por todos estos vuestros en el Señor carísimos, 
Francisco 

“y reflectir después para sacar provecho de sus palabras” [EE 107]

¿Qué actualidad tiene, para ti, el modo de vivir y sentir de Javier?
Simón Rodrigues y Javier no viajaron juntos a Lisboa. El
reencuentro de los dos amigos produce efectos inesperados en Simón, como si la amistad fuese sanadora.

• Javier, en Lisboa, quiere ayudar a muchas personas buenas con algunos Ejercicios para que vayan a donde el Señor les llama, en lugar de dejarse guiar por sus “desordenadas afecciones”. Resuena en el texto la experiencia de Javier en sus propios Ejercicios.

• El párrafo se centra en el fruto que Javier hace en Lisboa y en el que espera hacer en las Indias. Se ve claro cómo vive Javier la Fórmula del Instituto: conversaciones, ejercicios, sacramentos, pobreza, servicio de Dios nuestro Señor, salud de las ánimas, la misión,…

• Javier anima a quienes se le quieran unir en su misión, tanto clérigos como laicos.


• Oración de Javier por la conversión de los gentiles:
(Goa, probablemente en 1548)
Eterno Dios, Criador de todas las cosas, acuérdate que tú solo creaste las almas de los infieles, haciéndolas a tu imagen y semejanza. Mira, Señor, cómo en oprobio tuyo se llenan de ellas los infiernos. Acuérdate, Señor, que tu Hijo Jesucristo padeció por ellas, derramando tan liberalmente su sangre. No permitas, Señor, que el mismo Hijo tuyo y Señor nuestro sea por más tiempo despreciado de los infieles; antes aplacado por los ruegos de los santos, elegidos tuyos, y de la Iglesia beatísima, esposa de tu mismo Hijo, acuérdate de tu misericordia, y olvidado de su idolatría e infidelidad, haz que también ellos conozcan al que enviaste Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos, a quien sea gloria por los infinitos siglos
de los siglos. Amén.