Castillo de Javier. La fortaleza interior.

Por Javier G. Castillo R. S.J., publicado en la revista Mensajero.

El pasado 3 de diciembre, presididos por el Padre General de la Compañía de Jesús, Peter-Hans Kolvenbach, el Arzobispo de Pamplona y las más altas autoridades de Navarra se inauguró el año jubilar que celebra los 500 años del nacimiento de Francisco de Javier y del beato Pedro Fabro y los 450 años de la muerte de san Ignacio.











El escenario fue una nueva aula multifuncional construida para la ocasión en Javier con capacidad para cerca de 1.300 personas.
El Aula Francisco de Jaso es un edificio moderno que evoca la figura de un barco, en mención clara a los múltiples desplazamientos marítimos del santo navarro. Las celebraciones llenaron del espíritu de Javier al millar de asistentes y nos relanzaron al fervor misionero, sin embargo, en estas páginas no queremos ahondar en el perfil del santo y los desafíos que nos plantea, sino mirar a un protagonista que silencioso se levanta como estandarte de estas fechas: el Castillo de Javier.
La fortaleza medieval

El Castillo de Javier está situado en la Villa del mismo nombre, en la frontera entre Navarra y Aragón. Una situación geográfica inmejorable, pues era el paso obligado de los pastores del valle del Roncal, cuando llevaban los rebaños a temperar a las Bardenas en los fríos inviernos, y de los transportadores de madera por su cercano río en forma de almadías. La necesidad de paso de unos y otros no dejó de reportar algunos ingresos al padre de Francisco. Desde el punto de vista militar, su ubicación fronteriza lo hace de gran valor en las pugnas entre Navarra y Aragón, cuando esta última estaba dominada por los moros que pretendían seguir su paso hacia el norte, cosa que imposibilitaba la fortaleza de Javier.
Los primeros documentos que hablan de la existencia del castillo datan del año 1217. No obstante, según afirman los historiadores, puede remontarse a los años finales del siglo X o inicios del XI.
La primera época del castillo es meramente militar, y constaba de los siguientes elementos:
-Una torre de vigilancia de gran tamaño, desde la cual se divisaban gran parte de los entornos de la región, es la Torre del Homenaje o Torre de San Miguel. La renovación llevada a cabo en los dos últimos años ha descubierto la roca donde se levantó el castillo, justo en la base de la Torre del Homenaje.
-Una fortaleza con un amplio sistema de defensa. La Torre de Undués, dotada con saeteras y matacanes, permitía cubrir el flanco que mira hacia esa población. Las almenas y las rondas, por las que podían moverse con facilidad los defensores del sitio, hacían de este castillo un bastión importante en las luchas fronterizas. Junto a estas torres se levantaba un conjunto de murallas exteriores importantes y un sistema de dos entradas con puentes levadizos que hacían casi inexpugnable la fortaleza.
-Para los habitantes del castillo medieval se levantaba un palacio denominado «viejo», bodegas, graneros y cuadras para el ganado, de tal manera que se pudiera mantener a un piquete de soldados en el lugar.
El castillo de 1217 ya contaba con una pequeña torre que hacía las veces de capilla, hoy denominada la Torre del Cristo.
La segunda época del castillo tiene lugar a finales del siglo XV, cuando la familia de Francisco recibe de la familia Sada el edificio. El padre de Francisco construye un palacio para la vivienda de su familia junto a la capilla del Cristo, el denominado palacio «nuevo», que estaría ubicado en el lugar de la actual basílica. En esas estancias llegó al mundo el 7 de abril de 1506 el único hijo de la familia que nace en la Villa, Francisco de Javier.
La tercera época está marcada con el signo de la destrucción. Fracasados los intentos de independencia del Reino de Navarra del Reino de Castilla, el Cardenal Cisneros ordena derribar todas las fortalezas que puedan ser semillas de nuevas insurrecciones. El castillo sufre daños de gran escala que presencia Francisco, que entonces sólo tenía diez años. Las murallas exteriores fueron derribadas, las torres se desmocharon, quitándole su posibilidad de vigilar y otear el panorama del entorno, las fosas que fueran inexpugnables son rellenadas y se inutilizaron las saeteras y los matacanes. Es decir, de fortaleza estratégica pasó a ser una simple casa grande.
En 1892 se inicia su primera restauración por patrocinio de la duquesa XV de Villahermosa y en 1952 la segunda, dirigida por el jesuita Recondo. Se restauraron las torres, las fosas, las murallas exteriores y los demás elementos de defensa. Para entonces la sala de capellanes y la sala grande ya estaban convertidas en museo y contaban con la bellísima Capilla del Cristo, expresión significativa del arte gótico.

La fortaleza cultural

Podría ser distinguida una cuarta época del castillo, la de fortaleza cultural y lugar de encuentro de culturas, como lo propiciara Javier en sus múltiples viajes. En el año 2003 se asociaron la Compañía de Jesús, el Arzobispado de Pamplona y el Gobierno de Navarra para acometer una renovación de gran calado del castillo y el entorno de Javier. Fueron dos años intensos que vieron su final el último viernes de octubre del 2005, cuando se inauguraron las obras de la última restauración.
¿Qué encontramos en el «nuevo» Castillo de Javier? Lo primero que tenemos que decir es que para los que no somos entendidos hay una labor entre las realizadas en el edificio que difícilmente apreciamos: el saneamiento de las humedades que estaban deteriorando a pasos agigantados la estructura del castillo y la renovación de casi todas las vigas de madera que estaban en un estado bastante deplorable. Igualmente, el neófito en cuestión de edificios y fortalezas medievales podrá pasar de largo el hallazgo de la roca principal donde se asienta el castillo. Podríamos decir que son las reformas invisibles, pero que sin ellas las demás estarían avocadas al fracaso en un futuro no muy lejano. Se cumple en la restauración la máxima del evangelio: ¡Se ha hecho sobre roca!
Los aspectos visibles del castillo renovado ofrecen una mirada bastante cercana de lo que era la forma de vida del medioevo y una excelente muestra de la cultura creada en torno a la figura de Javier. Hagamos un breve recorrido.
Al pasar por las dos puertas y el puente levadizo, somos conducidos a lo que fueran las caballerizas del castillo. Allí, en un ambiente de penumbra, se ha acondicionado un juego de dioramas que permite recorrer los momentos más destacados de la vida de Francisco, desde su nacimiento en esta pequeña villa de Navarra hasta su muerte solitaria en las playas de Sancián. Los dioramas son una excelente catequesis sobre la vida y la obra de una persona que ardió tanto en amor por la obra de Jesús que lo llevó, en las precarias condiciones de la época, hasta lugares muy distantes y misteriosos para una persona formada bajo los cánones occidentales. Francisco fue un intrépido misionero y en estas pequeñas representaciones se destacan sus gestas y momentos más significativos.
Siguiendo una rampa suave accedemos al museo de dos plantas, en el que se recogen interesantes piezas de arte, monedas, planos del castillo, escudos, etc. Hay que destacar la colección de óleos de gran tamaño obra del flamenco Godofredo Maes, que en principio estaban dedicados a la basílica primitiva del castillo. Durante este año jubilar destaca también en las salas del museo el Éxtasis de Francisco de Javier, cuadro de Bartolomé Murillo que gentilmente ha facilitado la residencia de los jesuitas en Sevilla. Las obras pictóricas se complementan con la colección de kakemonos, que ilustran con delicados trazos el paso de Javier por las tierras niponas. Termina el camino del museo por la que fuera la sala grande de la casa, en la que se puede apreciar el estilo de vida de un castillo medieval.
El recorrido continúa por un paso acristalado, en el que se puede ver el Camino de Ronda por donde los soldados de la época pasarían cientos de veces vigilando las incidencias extramuros. En esta misma zona se ha construido una pequeña capilla para uso exclusivo de quienes se retiran a Javier a orar. El paso siguiente es la Torre del Homenaje o de San Miguel, que se ha dotado de una cómoda escalera que permite llegar al bastión más elevado de la fortaleza y símbolo de la misma. Su vista es impresionante y en un día despejado seguro que se podrán divisar todos los recodos de los alrededores de Javier.
Finaliza la visita en la Torre del Cristo, que conserva el Cristo de la Sonrisa, obra del siglo XV y que fuera la imagen que conmovió y sedujo al joven Francisco. La pequeña capilla está adornada con los frescos de la Danza de la Muerte que sin duda, junto con la sonrisa del Cristo, nos invitan a gozar del triunfo de la resurrección.

La fortaleza interior

Aunque la pretensión de este pequeño artículo es hacer una reseña del castillo renovado, no podemos omitir la mención del sentido espiritual del propio castillo y todo su entorno.
La fortaleza interior está en la mirada del Cristo de la Sonrisa, en la Basílica, en la Parroquia de la Anunciación y en la casa de Ejercicios que la Compañía tiene en Javier. No se puede hablar de Francisco de Jaso y Azpilcueta sin mencionar su relación con el Cristo de la Sonrisa, es decir, sin hacer referencia a la centralidad de Jesús en su vida que fue precisamente la que lo impulsó a lanzarse allende los mares a predicar la Buena Nueva a todas las gentes. La sonrisa de su Cristo en Javier quizá fue la que lo motivó en su alegría hasta hacer que en la India, en Japón o en la actual Malasia le llamasen «El Alegre». Confianza en Dios, espíritu aventurero, capacidad de diálogo interreligioso e intercultural fueron valores que Javier bebió de su relación con Jesús. Ya decía el Padre General en Javier el día 3 que no podemos desvincular a Javier del Cristo de la Sonrisa porque fue Él quien lo sedujo y lo hizo el hombre universal que hoy celebramos.
La fortaleza interior de Javier se encuentra en la basílica construida sobre la estancia que nació Javier. Para algunos puede ser un añadido injustificable desde la arquitectura o desde la historia, pero no para quienes peregrinan buscando la fuerza y el ánimo del santo para seguir sus pasos. Asimismo, es fortaleza interior, lugar de recogimiento, la parroquia que vio el nacimiento a la vida cristiana de Francisco el día de su bautismo y la casa de espiritualidad de los jesuitas que durante el año recibe en sus claustros a cientos de personas que se encuentran sedientas de paz y hambrientas de justicia y que quieren vivir el evangelio y el seguimiento de Jesús a lo Javier.
Recordemos a Javier y su castillo, y sintamos que su fortaleza cultural y su evocación interior nos invitan a todas y todos a Javier.