A sus compañeros de Europa.

Amboina 10 de mayo 1546
Han pasado más de dos años desde la carta anterior. Atrás queda la larga estancia misionera en la costa de Pesquería, los meses en Malaca. Ahora, desde las Molucas, se siente llamado a ir “más allá”: a las islas del Moro, los Macasares (islas Célebes).

Carísimos en Cristo hermanos:

La gracia y amor de Cristo N. S. sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén. 

1. En el año de 1545 os escribí largo haciéndoos saber cómo en una tierra llamada Macasar se hicieron dos reyes cristianos con mucha otra gente: y por la mucha disposición que en aquella tierra había para se acrecentar nuestra santa fe, según la información que me dieron, partí del Cabo de Comorín para Macasar por mar, por cuanto no se puede ir por tierra. Hay del cabo de Comorín hasta las islas de Macasar más de 900 leguas. Di orden primero que del Cabo de Comorín partiese, cómo los cristianos de aquella tierra fuesen proveídos de cosas espirituales, dejando con ellos cinco padres, los tres naturales de la tierra, y a Francisco de Mansillas con otro padre español. Con los cristianos de la isla de Ceylán, que está cerca del Cabo de Comorín, quedaron cinco frailes de la orden de S. Francisco, con dos otros clérigos. Viendo que no era necesario, ni menos hacía falta con los cristianos del Cabo de Comorín ni con los de Ceylán […] determiné de partir para Macasar. […] 

2. […] En este tiempo no me faltaron ocupaciones espirituales, así en predicar los domingos y fiestas, como en confesar muchas personas, así los enfermos del hospital donde posaba, como otros sanos. En todo este tiempo enseñé a los muchachos y cristianos nuevamente convertidos a la fe la doctrina cristiana. Con la ayuda de Dios N. S. hice muchas paces entre los soldados y moradores de la ciudad, y las noches iba por la ciudad con una campana pequeña encomendando las ánimas del purgatorio, llevando conmigo muchos niños de los que enseñaba la doctrina cristiana. […]
4. De la otra costa de Maluco está una tierra, la cual se llama El Moro, a sesenta leguas de Maluco. En esta isla del Moro habrá muchos años que se hicieron grande numero de cristianos, los cuales, por muerte de los clérigos que los bautizaron, quedaron desamparados y sin doctrina y por ser la tierra del Moro muy peligrosa, por cuanto la gente de ella es muy llena de traición, por la mucha ponzoña que dan en el comer y beber; por esta causa dejaron de ir a aquella tierra del Moro personas que mirasen por los cristianos. Yo, por la necesidad que estos cristianos de la isla del Moro tienen de doctrina espiritual y de quien los bautice para salvación de sus ánimas, y también por la necesidad que tengo de perder mi vida temporal, por socorrer a la vida espiritual del prójimo, determino de me ir al Moro, por socorrer en las cosas espirituales a los cristianos, ofrecido a todo peligro de muerte, puesta toda mi esperanza y confianza en Dios nuestro Señor, deseando de me conformar, según mis pequeñas y flacas fuerzas, con el dicho de Cristo nuestro Redentor y Señor, que dice: "Pues quien quisiere salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor de mí, la encontrará”. Y aunque sea fácil de entender el latín y la sentencia en universal de este dicho del Señor, cuando el hombre viene a lo particularizar, para disponerse a determinar de perder la vida por Dios, para hallarla en él, ofreciéndose casos peligrosos, en los cuales probablemente se presume perder la vida sobre lo que se quisiere determinar, hácese tan oscuro, que el latín, siendo tan claro, viene a oscurecerse; y en tal caso me parece que sólo aquel lo viene a entender, por más docto que sea, a quien Dios nuestro Señor, por su infinita misericordia, lo quiere en casos particulares declarar. En semejantes casos se conoce la condición de nuestra carne, cuán flaca y enferma es. Muchos de mis amigos y devotos procuraron conmigo que no fuese a tierra tan peligrosa; y viendo que no podían acabar conmigo que no fuese, me daban muchas cosas contra ponzoña. Yo, agradeciéndoles mucho su amor y buena voluntad por no cargarme de miedo sin tenerlo, y más por haber puesto toda mi esperanza en Dios, por no perder nada de ella, dejé de tomar los defensivos que con tanto amor y lágrimas me daban, rogándoles que en sus oraciones tuviesen continua memoria de mí, que son los más ciertos remedios para contra ponzoña que se pueden hallar. […] 

9. Esta cuenta os doy tan particular, para que tengáis especial sentimiento y memoria de tanta perdición de ánimas, cuantas se pierden por falta de espiritual socorro. Los que no tuvieren letras y talento para ser de la Compañía, sobrarles ha el saber y talento para estas partes, si tuvieran voluntad de venir para vivir y morir con esta gente; y si de éstos viniesen todos los años una docena, en poco tiempo se destruiría esta mala secta de Mahoma, y se harían todos cristianos, y así Dios nuestro Señor no se ofendería tanto como se ofende, por no haber quien reprenda los vicios y pecados de infidelidad.

10. Por amor de Cristo nuestro Señor y de su Madre santísima y de todos los santos que están en la gloria del paraíso, os ruego, carísimos hermanos y padres míos, que tengáis especial memoria mía para encomendarme a Dios continuamente, pues vivo con tanta necesidad de su favor y ayuda. Yo, por la mucha necesidad que tengo de vuestro favor espiritual continuo, por muchas experiencias tengo conocido cómo, por vuestra invocación, Dios N.S. me tiene ayudado y favorecido en muchos trabajos del cuerpo y del espíritu. Y para que jamás me olvide de vosotros, por continua y especial memoria, para mucha consolación mía, os hago saber, carísimos hermanos, que tomé de las cartas que me escribisteis, vuestros nombres, escritos por vuestras manos propias, juntamente con el voto de la profesión que hice, y los llevo continuamente conmigo por las consolaciones que de ellos recibo. A Dios nuestro Señor doy las gracias primeramente, y después a vosotros, hermanos y padres suavísimos, pues os hizo Dios tales, que tanto me consoláis llevando vuestros nombres. Y pues presto nos veremos en la otra vida con más descanso que en ésta, no digo más. 

De Ambueno, a 10 de mayo, año de 1546.
Vuestro mínimo hermano e hijo,
Francisco.
  • “y reflectir después para sacar provecho de sus palabras” [EE 107] 

    Orando esta carta ¿qué le pides al Señor? ¿Qué le ofreces? 
  • Javier llega a las Molucas desde Santo Tomé y ya lleva tres meses en Amboino. Javier piensa que no es ya necesario en la India, deja arregladas las cosas y va a Macasar para “acrecentar nuestra santa fe”. El deseo de evangelizar le impulsa a abrir nuevos caminos. 
  •  Vuelven a aparecer los ministerios propios de la Fórmula del Instituto: predicar, confesar, hospitales, enseñar a los muchachos, hacer paces…
  • Javier oye hablar de los cristianos abandonados en las islas del Moro. La necesidad de esos cristianos se convierte para Javier en “necesidad…de perder mi vida temporal por socorrer a la vida espiritual del prójimo”. Salvar la vida, perder la vida. El latín de la Vulgata se le
    hace oscuro. Tiene miedo. Los amigos y devotos procuran disuadirle de su loca aventura, pero él ha puesto toda mi esperanza en Dios”. Irá siempre más allá!
  • Y Javier lanza una invitación a los que quieran “venir para vivir y morir con esta gente”.
  • La despedida nos remite a la amistosa ternura que siente para con sus compañeros, tan lejanos. Sustituye su imposible presencia y cercanía con las firmas recortadas de las cartas, que siempre lleva consigo, con gran consolación.
Oración: 

Padre
de nuestro Señor y salvador Jesucristo,
aunque pecadores, nos has llamado
a ser sus compañeros,
y tomar parte en la lucha crucial
de nuestro tiempo
la lucha por la fe, la justicia y el amor.
Lleva a cumplimiento en nosotros
la obra que comenzaste en Ignacio
y en tantos seguidores suyos,
que hoy veneramos como santos y beatos.
Ponnos con tu Hijo, como les pusiste a ellos,
y acéptanos bajo el estandarte de la cruz,
para servir al solo Señor,
y a su esposa la Iglesia.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.