“Ya es hora de que le devuelva el librito de nuestro bienaventurado Pedro Fabro. He estado tentado de mandar hacer una copia, pero no me he atrevido, ya que Ud. Al enviármelo, me decía que, por el momento, era algo reservado para uso exclusivo de vuestra Compañía. Yo hubiera deseado mucho tener una copia de esta historia de la vida de este gran santo de quien, por tantas razones, soy y seré siempre tan devoto (…) Aunque su vida, por ser breve, (…) no puede ofrecernos un material biográfico tan abundante como la vida de otras personas, si contribuiría a darnos dulzura de devoción.”
San Francisco de Sales.

Colegio de Sta. Bárbara, donde vivieron Ignacio, Francisco Javier y Fabro
  • El Amor a la Compañía
  • Fundador de casas y colegios  
  • En España funda los colegios de Valladolid y Alcalá de Henares.
  • En Lovaina

 

  • El Amor a la Compañía:

I. Recuerda su profesión solemne. N. 45.

  • En la octava de la Visitación me acordé de que ese mismo día, el año pasado, había hecho mi profesión solemne. Sentí gran devoción por mis votos y pedí a Dios Padre la gracia de la perseverancia y un continuo crecimiento en la castidad con la cual se rehaga mi carne vencida y se fortifique contra sus fragilidades que se echan de ver por la concupiscencia carnal. Al Hijo encomendaba el cuidado de mi obediencia, ya que El se hizo obediente hasta la muerte. Al Espíritu Santo encomendaba mi voto de pobreza pidiéndole que nunca perdiese yo el afecto a esta virtud.
    Suplicaba también que mis tres potencias creciesen en la inteligencia, memoria y afecto según los votos a los que he hecho referencia. Y que, para ello, el Padre infundiese su poder en cada una de ellas, y que tuviese cuidado especial de mi memoria; que igualmente el Hijo infundiese en ellas luz y sabiduría y cuidase de mi entendimiento; que el Espíritu Santo infundiese sus dones a cada una de ellas y tuviese especial cuidado de la voluntad. Suplicaba a la Santísima Trinidad, única en esencia, que se asentase en mi corazón en su unidad y que difundiese sus personales atributos por las tres potencias.
    Pedía a Nuestra Señora que fuese en todo mi abogada, ya que ella es verdadero ejemplo de virginidad, obediencia y pobreza, y que tiene un cuerpo purísimo, un alma limpísima y un espíritu santísimo. Cada una de estas gracias se manifestaron en ella con tanto poder de Dios, tanta sabiduría y bondad, que cada una de ellas, por sí sola, bastaba para conservar las otras dos en toda su puridad. Es decir, que el cuerpo puro de la Virgen bastaba para que ninguna impureza pudiera rozar su alma y espíritu. Del mismo modo tan lleno de dones estaba su espíritu que era imposible que llegase a su alma o a su cuerpo nada que no fuese purísimo. Y de tanta perfección gozaba su alma que bastaba a iluminar el espíritu y la carne.

  • 2. Fundador de casas y colegios

En Colonia una casa de estudiantes. Al frente de ella ha puesto a Pedro Canisio.

Al día siguiente de salir para Portugal la expedición de jesuitas, Fabro regresa a Colonia a donde llega el 22 de enero de 1544. Lleva con él a dos estudiantes: Emiliano o Millán de Loyola, sobrino de san Ignacio, y Lamberto de Castro.

Al constatar que el arzobispo sigue adelante con su «reforma» contra los deseos del Emperador, escribe al nuncio Juan Poggio con el mayor respeto, pero, al mismo tiempo, con gran libertad de espíritu, sobre lo peligroso que es para la Iglesia católica navegar entre ambigüedades. Porque corre el rumor de que se ha mostrado el plan de « reforma» a Carlos V, quien ha dado la callada por respuesta, lo que se ha interpretado como una tácita aprobación. Se necesita en este grave asunto la mayor transparencia:


  • «(...) cuantos miran por el bien de la religión católica, tienen grandes temores de que su Arzobispo, cuando de ahí volviere, intente males mayores de los que hasta ahora ha hecho a esta su heredad; porque oyen que han sido mostrados los capítulos de su reformación a la Majestad del César, de donde fácilmente podrá suceder que por hombres mentirosos se esparza el rumor de que los ha visto el César y no los ha reprobado. (...) Por esto se nos ha de perdonar que no estemos contentos hasta que veamos que se nos dice expresamente y por escrito que mienten los herejes o se engañan, cuando nos dijeren que el César o disimulando calla, o en lo que hace no les es contrario. Esto parece quisieran ahora los señores de Colonia que se hiciese, a saber: que la Majestad del César con palabras expresas significase a los estados de esta diócesis que no es en modo alguno su voluntad que se admita semejante reformación ni otra cosa cualquiera que no haya sido confirmada por la autoridad de la misma Romana Iglesia».

Quiere dejar constituida en Colonia una residencia-colegio de estudiantes jesuitas. De hecho ya hay una pequeña comunidad en una casa alquilada. Está formada por Fabro, Álvaro Alfonso, Emiliano de Loyola, Lamberto de Castro y otros cuatro compañeros, matriculados en las facultades de Filosofía y Teología. Canisio tardó algún tiempo en incorporarse a la comunidad. Está siempre con un pie en el aire dispuesto a seguir lo que la obediencia le ordene. Sabe que cualquier día le puede llegar la orden de partir para Portugal y España: «(...) aunque ninguna cosa más deseo en esta vida que poner alguna raíz para nuestra Compañía en Alemania, todavía estoy suspenso no sabiendo si mañana recibiré cartas vuestras, que me mandarán ir a España o no". En el caso de tener que abandonar Colonia, se siente perplejo sobre si ha de llevar a todos para estudiar en Portugal, lo que sería mejor para los estudios, o si ha de dejar a algunos en Alemania para que eche allí raíces la Compañía:

  • «Así batalla en mí la humana consideración según la cual ninguno habría de estar por estas partes, sino por obediencia, y la divina consideración fundada en esperanza según la cual querría que la mitad de la Compañía estuviera acá dando voces, rezando y llorando y muriendo cada día por esta gente de acá”.

Esto escribe el 10 de marzo. Quiere hacer la voluntad de Dios, para ello ha de discernir. Está indiferente, pero perseveran en él las mociones que le inclinan a dejar en Colonia a Canisio, Álvaro Alfonso y Lamberto de Castro, según dice en el mes de mayo: 

  • «Yo no puedo no obedecer a unos sentimientos, con los cuales y por los cuales me parece siempre, y a veces siento en nuestro Señor, de que con su presencia de éstos mejor se conservará alguna cosa aquí; y que nuestro Señor dispondrá mejor alguna manera, por donde la Compañía tome raíz en Alemania".

Ya solamente le falta tomar una decisión de acuerdo con los sentimientos que «siente en nuestro Señor". Decide por el segundo tiempo de elección [176]. A fines de mayo dirá escuetamente a Ignacio: «Mosén Álvaro, Maestro Pedro Canisio, Maestro Lamberto quedarán aquí (en Colonia) hasta que otra cosa se les mande de Roma".

El relato de sus actividades pastorales durante esta su segunda estancia en Colonia, lo hace con espontaneidad y detalle a Francisco Javier. Ha comenzado a predicar en una escuela todos los domingos y días de fiesta, lo hizo también durante la Semana Santa y la semana de Resurrección. A sus prédicas asisten estudiantes de la universidad, clérigos, canónigos, doctores en leyes, licenciados en Teología, algunas autoridades de la ciudad, el arzobispo de Lund y otras personas conocedoras de la lengua latina. Algunas veces le ha escuchado Juan Nopelio. Ha predicado en distintos monasterios de monjas, confesando a muchos estudiantes oidores habituales de sus sermones, a seglares y señoras principales. No pocos de los estudiantes que a él acuden se convierten de nuevo a la fe que habían perdido. No falta una breve alusión a sus ejercitantes y a lo que ha trabajado por las cosas "más universales".

  • "Del fruto universal que nuestro Señor obra haciendome cooperar a la universalidad y clero de Colonia para en contra de estas herejías, yo no digo nada, por no lo saber explicar. Bien se que harto trabajo tenemos en escribir a la corte de su majestad, el cual escribir si no fuese, ya podría ser perdida esta ciudad; y por eso estoy yo expuesto a peligro corporal más que ninguno por acá. El solo criador del universo mundo, redentor y glorificador sea alabado y reconocido en todo y por todo; cuya gracia y fortaleza nunca sea ociosa en nosotros. Amen."

En Lovaina su estancia fue breve, pero creó un noviciado.
Salió de Colonia a fines de septiembre con la intención de embarcarse en Amberes. No le fue posible y espera en Lovaina, a donde llegó el 18 de octubre, a que lo avisen cuándo hay en Amberes embarcación para Portugal. Cae enfermo en Lovaina; no llegará a la boda de la princesa que tuvo lugar en Salamanca el 13 de noviembre de 1543.

Andrés de Oviedo escribe a Ignacio sobre la enfermedad del saboyano y su infatigable trabajo:

  • «Su enfermedad ha sido prolija y grave de calenturas, en la cual nos ha predicado la paciencia con su mucho padecer (...) hacer exhortaciones y oír muchas confesiones, y tener coloquios espirituales con personas de cualidad, las cuales, por aprovecharse de su conversación le vienen a visitar, a los cuales ha enseñado de la doctrina cristiana. Es grande el fruto que por gracia de nuestro Señor ha hecho en esta tierra por su enfermedad.”

El mismo Fabro escribe a Ignacio el 6 de diciembre y le dice que esta «quedada", ha sido ocasión de mucho fruto, pero a costa de no poco trabajo, lo que ha contribuido, al menos así lo reconoce el médico, a que la enfermedad se haya prolongado dos meses, bastante más de lo que cabía esperar. Se ve en un apuro, continua diciendo a Ignacio, y es que el nuncio Poggio, antes de salir de Colonia había hecho todo lo posible para retenerlo allí. Le ha escrito el 12 de noviembre que tiene autorización del Papa para impedir su salida de Alemania.

Se encarga de la formación de novicios jesuitas y trabaja con los estudiantes universitarios. Para esto último cuenta con un buen colaborador, Francisco Estrada. Éste tenía gran facilidad para comunicarse espiritualmente con sus condiscípulos en la universidad. Gozaba además de una fama bien ganada de excelente predicador.

Uno de los primeros en verse con Fabro fue Cornelio Wishaben, fiel oyente de los sermones de Estrada.
En Lovaina, Estrada preparaba sus prédicas «de la materia y puntos que Fabro le suministraba», No quería éste que los estudios del joven jesuita, se viesen recortados o realizados de manera atropellada. Por eso le facilitaba los esquemas de lo que había de predicar. Fabro tuvo siempre especial empeño en que los jóvenes no se diesen en exceso a actividades directamente apostólicas a costa de los estudios.

«Conmoción espiritual» llama Fabro al fruto recogido en Lovaina, no obstante su enfermedad. Con Francisco Estrada, Andrés de Oviedo y Juan de Aragón salen el 8 de enero de 1544, otros nueve estudiantes, recientemente «ganados» para la Compañía. En Amberes se embarcarán para Portugal. Fabro informa a Simón Rodrigues de los candidatos que le envía: «La presente caterva que allá os va, os dará algún cargo y por ventura no os parecerá toda nuestra moneda de justo precio». Se ha visto obligado a enviárselos, si bien no todos han sido suficientemente probados. Habrá que recibirlos con mucho cariño a fin de que puedan perseverar. Tendrán que hacer primero los ejercicios. Se entiende los ejercicios «exactamente dados».


  • En España funda los colegios de Valladolid y Alcalá de Henares.

En una carta a Canisio habla de que sus ministerios en Madrid no son los habituales:

  • “De mí no sé lo que diga, sino que cada día me voy haciendo más inútil; tan lejos estoy de militar mejor en mi milicia y correr mejor en mi carrera; con esto no dejo de predicar en sus tiempos y lugares y oír confesiones. Doime también algo a los que piden hacer ejercicios que son muchos y así ahora tenemos tres, entre los cuales uno es pastor, hombre de grandes esperanzas, si pudiera como ha empezado a entender y gustar, así también elegir lo mejor y seguirlo.”

Tiene una gran preocupación, tanto en Valladolid como ahora en Madrid: mirar por la extensión de la Compañía creando nuevas comunidades jesuíticas. Creo en Colonia una comunidad al frente de la cual dejó a Canisio. Veremos enseguida cómo, aún lejos de Alemania, ha seguido paso a paso todas las vicisitudes de la incipiente comunidad coloniense a la que no ha dejado de aconsejar y alentar fraternalmente en todo momento.
Desde Valladolid había pedido a Simón Rodríguez que le enviase algunos estudiantes del colegio de Coimbra. Tiene intención de comenzar un colegio en Valladolid y otro en Alcalá. Al venirse a Madrid ha dejado a tres estudiantes para iniciar el colegio vallisoletano. En Alcalá vive desde 1543 un excelente y singular apóstol jesuita, Francisco de Villanueva. Había nacido en Villanueva de la Vera (Cáceres) en 1509 y ejerció el oficio de sacristán en un pueblo cercano, el Losar. Lo envió su párroco a Roma para que le resolviese algunos asuntos personales. Allí conoció a la Compañía y pidió ser admitido en ella. Lo recibe Ignacio quien fue su maestro de novicios. Los ejercicios se los dio Salmerón. En 1542 es enviado al colegio de Coimbra, que entonces comenzaba a despegar. Ignacio se percató muy pronto de la valía de Villanueva y lo recomienda a Simón Rodrigues, para que no se deje impresionar por el aspecto externo del estudiante que le envía, y por los pocos conocimientos de que va pertrechado. «Aunque Villanueva parezca un poco de edad crecida, sin principios de letras, cuanto más le tratáredes juzgaréis para más. Yo para conmigo me persuado que es de las buenas piezas de allá».

A pesar de haber sido alertado por Ignacio, Rodrigues manifiesta al fundador la pobre impresión que le ha causado el nuevo escolar, ni siquiera «gramático». Ignacio le contesta que ya se contentaría él si de sesenta estudiantes que tenía entonces la Compañía saliesen veinte tan útiles como Villanueva. El tiempo le dará generosamente la razón.

Muy pronto se unió a Villanueva un joven estudiante de gramática llamado Pedro Sevillano. Fabro desea fundar cuanto antes en Alcalá. Desde Valladolid había escrito a Ignacio el 23 de mayo de 1545: «Villanueva con su compañero (Sevillano) está bueno en Alcalá y tenemos vía y manera para poder sustentarse otros tres o cuatro con ellos. Hallando piedras para ser buenas para principiar algo en Alcalá, nuestro Señor nos quiera dar personas que sean para ello». Cuando le llegaron refuerzos de Portugal, desde Valladolid envió Fabro a Alcalá, a Maximiliano Capella y a Manuel López, dando orden a Villanueva de que buscase sitio para dar cabida a todos y comenzar un colegio. Desde Madrid ha ido a visitarlos. Hay uno más, Álvaro Alfonso, siempre inquieto, que se ha venido desde Colonia.

Además de la visita a Alcalá, pasó unos diez días en Toledo, entre otras razones, para cumplir la promesa que había hecho a Martín de Santa Cruz de que visitaría a su familia.

En Coimbra trató de levantar los ánimos del rector. Ahora, al darle cuenta de su desplazamiento a Toledo aprovecha la ocasión para infundirle nuevo aliento. Ponemos en cursiva lo que traducimos del latín, por la tenaz costumbre que tiene Fabro de empedrar sus cartas castellanas con macizos párrafos latinos, como en este caso:

  • "Comenzad en espíritu a salir de los anejos que hasta aqu tuvimos en el servicio de Cristo nuestro Señor, quiero decir que sirváis a Jesucristo sin condición de cosa que suponga vuestro contentamiento. Sea Él contento, satisfecho y servido y glorificado; y que nosotros contentos, o descontentos, le sirvamos en cualquier parte y como a Él le guste. y sabed que los verdaderos muertos por Cristo no se ponen a deliberar sobre su propia vida. ni sienten ni tienen otra preocupación sino la de hacer su voluntad, a la que un día se sometieron. He dicho esto para que tengáis paz en Cristo Jesús Señor nuestro a quien os encomiendo y deseo que me encomendéis»

Ha pasado por Illescas por ver a la familia del jesuita Andrés de Oviedo.

Ya antes Fabro y Araoz, durante su estancia en la corte vallisoletana, pudieron visitar a la madre de otro compañero, Francisco Estrada. El ilustre predicador jesuita había nacido en Dueñas, entre Palencia y Valladolid y en Dueñas residía ahora su madre.

Ha cumplido lo que Ignacio le había encomendado al enviarlo a España. Ha dado a conocer la Compañía a personas relevantes de la corte de Castilla, y a muchos obispos, primero en Valladolid y después en Madrid. Ha echado a andar dos colegios. A él le gusta el oficio de contribuir a que la Compañía «eche raíces» en distintos lugares. Cuando ve que su estancia en España llega a su fin, renace en él su eterna vocación de peregrino. Querría ir de acá para allá sin sosiego, trabajando porque la Compañía se asentase en todo el mundo. Le encantaría que la obediencia le enviase de ciudad en ciudad y después de estar asentada la Compañía en muchas partes ser visitador general. Las palabras le salen a borbotones, incontenibles y calientes, y siempre en ese atropellado castellano tan suyo, sin florituras, pero personalísimo;

  • «...no digo esto por huir el desasosiego de la corte que tenemos, principalmente en aposentos que se nos dan por mandato del príncipe; antes holgaría de mi parte nunca parar en lugar, sino ser peregrino toda mi vida por unas partes y otras del mundo. Así pluguiese a nuestro señor que la Compañía ya fuese sembrada por todas las principales y menos principales partes del mundo y yo hubiese de ser visitador general, o sin esto, que nuestro Señor y V. R. me ordenase en que hubiese de ir in omnem civitatem et locum quo Societas o parte de ella aliquando est perventura como quien va a aparejar asientos o desearlos por vía de estar en cada parte sin asiento y sin reposo».